RIVALIDAD AMISTOSA
| La Columna de Nicanor | ||
| Una nueva entrega para la web de la URBA: La Columna de Nicanor, en la que todas las semanas el prestigioso periodista escribirá sobre diversos temas vinculados al rugby y su rica historia. Los Pumas, el Seleccionado de Buenos Aires, los clubes de la URBA y todos los temas de interés tendrán un tratamiento destacado con la participación y en análisis de Nicanor González del Solar. | ||
LA RIVALIDAD AMISTOSA
Uno tiene 107 años y el otro acaba de cumplir 90 años. Uno es el que más campeonatos sumó en la historia del rugby de Buenos Aires. El otro es el que ha prevalecido en los últimos certámenes. El “anciano” es el Club Atlético de San Isidro, con 33 títulos. El otro, Hindú Club, es el principal equipo de esta década, líder en 5 torneos porteños, más 4 en el Nacional de Clubes. Los dos fueron los finalistas del Campeonato superior de la URBA en 2009, Copa Volkswagen.
Curiosamente, la intensidad y la lucha que se plasma en la cancha, cada vez que se enfrentan, no condice con la relación amistosa que los une. Los recuerdos surgen espontáneos e irrumpen las vinculaciones familiares entre los protagonistas de CASI e Hindú. El padre de Francisco Bosch fue jugador del viejo instituto de San Isidro. Lo mismo sucede con el fortísimo pilar Lucas Toro: su papá militó en el Atlético. La mamá de los Fernández Miranda nació, estudió y creció en San Isidro.
Sucesión de generaciones en los dos clubes pero, principalmente, lazos de amistad. Para comprender plenamente la especial unión entre gente de CASI y de Hindú debemos referirnos a individuos extraordinarios. ¿Cómo no recordar a Jorge Pulido, Jorge Comotto, Jorge Bosch, Desmond Farrell, “Suso” Loures, Ciro Bolo? Ellos fueron compañeros y casi hermanos de Luis Bavio, una leyenda sanisidrense, que está bien firme en estos días. Crearon “El Clan”, una admirable “institución” que “todos los primeros lunes de mes” (establecido en latín: “semper primus lunae dies”) reunía a los hombres del juego de los tackles, sin ninguna limitación. Todos los rugbiers “de buena voluntad” eran bienvenidos a la comida que se hacía (y se hace) en el quincho del CASI.
A veces cocinaba Pulido; en otras ocasiones le tocaba a “Coqui” Bosch. Nuestro deporte era el tema principal, aunque siempre estaban dispuestos y resueltos a darle una mano al que la necesitaba. Lo fantástico es que habían pertenecido a distintos clubes: Comotto y Farrell eran de Hindú; el “Gallego” Pulido representó a Deportiva Francesa pero sus hijos (actuales técnicos del campeón de 2006, 2007 y 2008) representaron a la institución de Don Torcuato. Loures era de CUBA; Ciro Bolo de Olivos. Los anfitriones en esos lunes eran Jorge Bosch (tío del full-back de Hindú) y Lucho Bavio, referentes admirables del Atlético.
Un párrafo aparte para otro hombre de los dos mundos: Alberto Santiago. En su juventud representó a Hindú pero, cuando se radicó en Martínez, llevó a sus hijos al CASI. Los muchachos Santiago fueron magníficos jugadores del viejo San Isidro, aunque uno de ellos siguió fiel a la divisa de Don Torcuato.
Alberto, hombre jovial y noble, exaltó ese sentido de amistad. Se ocupaba de llamar a los amigos, tanto para la cena del “primer lunes de mes” como para los almuerzos previos a los partidos. Cantaba tangos y recordaba los “tiempos heroicos” del rugby porteño. Era gratísimo escucharlo y conocer la historia del Hindú. Fue Alberto Santiago quien me dio noticias de Francisco “Pancho” Borgonovo, un visionario que concibió el concepto de “countries” en nuestra nación.
Borgonovo entusiasmó a los primeros socios de Hindú para que compraran unos terrenos (propiedad de la familia de Pancho), que habían pertenecido a Torcuato de Alvear. A pesar de los accesos precarios, los fundadores del Hindú se fueron allá, cuando nadie se animaba. Con esfuerzo y tenacidad levantaron un edificio con departamentos, aprovecharon la cancha de golf (que había sido de los ingleses del Ferrocarril Central Córdoba), edificaron varias piletas para los socios , más canchas de rugby, fútbol y hockey. Poco a poco, Hindú Club fue el centro de esa parte del Partido de Tigre.
Si “El Clan” unió a los más “conspicuos” representantes de los dos clubes finalistas en 2009, también es justo recordar a “Liber”, un bar y restaurante que era el centro de los encuentros de los rugbiers mayores, cuando estaban en la Capital Federal. “Liber” está en la Avenida del Libertador y la calle Libertad; de allí su nombre. Al mediodía o al atardecer se podía hallar al “Gallego” Pulido, a Comotto o a Coqui Bosch. Mientras comían, hablaban de rugby y arreglaban el mundo. Allí también se fortalecía la amistad entre CASI e Hindú.
Nicanor González del Solar


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